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Como todo en esta vida, mantener a raya el paso del tiempo en nuestra piel requiere trabajo y constancia. Nuestro trabajo es cuidarla, la constancia rutina.

El cuidado de la piel comienza en el momento del nacimiento, el bebé dentro del útero cuenta con un cosmético natural muy potente (vérnix caseoso) que le protege y mantiene la hidratación de su piel en el medio acuoso o líquido amniótico. Al salir al exterior, la epidermis comienza a generar una barrera cutánea, llamada manto ácido, para poder hacer frente al nuevo entorno.

Comenzamos con el uso de geles, jabones, lociones y cremas en los primeros días de vida. Completando el cuidado, si no hay alguna alteración cutánea, con el uso de protectores solares tan importantes en la infancia.

Durante la adolescencia las relaciones personales aumentan y también la preocupación por la imagen, todo esto sumado a los cambios hormonales suele desembocar en el uso de los primeros tratamientos cosméticos reparadores y preventivos. Durante esta etapa limpieza, hidratación y protección UV son los tratamientos básicos, aunque sean los productos antiacné y seborreguladores los más populares.

Llegado a la edad adulta, entorno a los 20, la mujer comienza antes a cuidar su piel. Si bien la piel del hombre tarda más tiempo en acusar los primeros signos del paso del tiempo, suele mostrar mayor desinterés hasta que aparecen síntomas más evidentes o las primeras arrugas. Llegó el momento de los primeros tratamientos preventivos, productos hidratantes, antioxidantes y protectores de la epidermis ante las inclemencias del medio externo.

La moda, la publicidad, los medios de comunicación influyen decisivamente en determinar el estereotipo de belleza y la mujer, a día de hoy, sigue siendo el blanco principal. Las relaciones personales, el estado de ánimo y la autoestima pueden verse alteradas por la apariencia física, además, nuestra piel revela siempre el estado de salud.

La piel es nuestra mejor tarjeta de visita, puede ser descuidada, arrugada, manchada o impecable, luminosa y joven. En Farmacosmetica.net optamos por la segunda opción y os queremos dar las claves para tener la mejor tarjeta de visita.

Pasados los 30 la piel deja de fabricar colágeno de igual forma, comienza realmente el envejecimiento cutáneo. De lo bien que hayamos hecho antes los deberes y de los cuidados posteriores, dependerá la situación de nuestra piel en edades más avanzadas. Aquí comenzamos con los primeros tratamientos antiedad: contorno de ojos, serums, concentrados y tratamientos activos frente a la oxidación celular, pérdida de elasticidad y firmeza, primeras arrugas, tono apagado resumen los principales objetivos a combatir.

Con los 40 aumentamos nuestro arsenal cosmético, además de contar con complementos nutricionales (nutricosmética) realmente eficaces para nutrir, hidratar y reafirmar la piel (vitaminas y minerales antioxidantes, ác. hialurónico, colágeno, ác. grasos omega-3 y 6). En esta etapa hay cambios hormonales importantes, con la menopausia la piel y las mucosas se alteran, la elección de los cosméticos varía.

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Entorno a los 50 la piel es más seca, necesita mayor nutrición. Las cremas de noche, más ricas y untuosas la alimentan durante el descanso. Sueros rellenadores y concentrados antimanchas son imprescindibles. Con mayor frecuencia la distribución de melanina en la piel aparece alterada, rostro, manos y escote pueden presentar zonas hiperpigmentadas sobre todo cuando se ha abusado mucho del sol.

Las pieles maduras de las que han sabido cuidarla no tienen relación con su edad. Piel joven a partir de los 60 es una realidad, genéticamente posible y cosméticamente cuidada.

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