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Equilibra tu dieta II: Acaba con las grasas

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En el post de diciembre os animé a descubrir nuevas fuentes proteicas, y a que éstas no fueran la fuente energética principal. Hoy es el turno de las grasas.

Por lo general, por las grasas se tiene pánico y tendencia a reducir su consumo. Sin embargo, las grasas deberían suministrar el 25-30% de la energía total diaria. Pero como todo nutriente, tiene truco. Para mantener un equilibrio, esa cuarta parte de nuestra dieta debe respetar un equilibrio entre grasas saturadas, monoinsaturadas y poliinsaturadas.

Las grasas saturadas, conocidas como “grasas malas”, son aquellas que a temperatura ambiente permanecen sólidas. Por lo general tienen mayor porcentaje de grasas saturadas la carne roja y la leche, entre otras, y entre las de origen vegetal,  los aceites de palma y coco, utilizados en la elaboración de bollería industrial ¿Por qué son malas? Porque este tipo de grasas aumenta la concentración de colesterol (LDL).Son, en efecto, las grasas que menor presencia deben tener en nuestra dieta,  pero no hay que suprimirlas.

Las grasas insaturadas (contienen dobles enlaces en su estructura química), son aquellas que se encuentran en estado líquido a temperatura ambiente.

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Las monoinsaturadas (un único enlace doble), las encontramos en gran porcentaje en nueces, aguacate, aceite de oliva y soja. Estas grasas ayudan a disminuir el LDL (colesterol malo) y deben ser las grasas que encabecen nuestra dieta. Tomar 5 nueces al día, incluir aguacate en ensaladas o un plato de soja (como legumbre, si no tienes acceso al aceite de oliva) son la manera ideal de proveerse de estas grasas.

Las poliinsaturadas (más de un enlace doble), son las grasas “de moda”, es decir, el ácido omega-3 y el ácido omega-6, presentes en pescados azules y aceites de pescado. En los últimos años algunos productos se han estado enriqueciendo con este tipo de grasas. Son muy saludables en su cantidad correcta, ya que presentan acción cardioprotectora. Con un consumo variado de pescados en la dieta, o tomar uno de los productos enriquecidos en ellas es suficiente. Sin embargo, el hecho de tener más de un doble enlace en su estructura química hacen a estas grasas sensibles al llamado enranciamiento, que puede evitarse vigilando la caducidad y consumiendo una cantidad adecuada.

IMPORTANTE: Este artículo es informativo y no constituye un diagnóstico médico, por lo que no debería utilizarse como tal, para cualquier consulta o duda referida a su salud debe acudir a su médico o centro de salud más próximo.

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